Huellas de la defensa del litoral gaditano

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Frontera natural de dos continentes, la historia del litoral gaditano y, por extensión, de la franja litoral de La Janda, ha estado ligada desde hace siglos a la defensa militar. Una relación, principalmente basada en  el temor perenne a una invasión de fuerzas del continente africano,  de la que aún hoy día existen destacadas huellas en playas y acantilados.

Huellas que encuentran sus primeros, más antiguos, referentes en las edificaciones militares que Felipe II mandó construir en el siglo XVI en defensa de los posibles ataques de los piratas berberiscos.

Claro ejemplo de ello son las torres almenaras de Meca, El Tajo, Trafalgar, El Palmar, Castilnovo  o, algo más alejada, de Cabo de Gracia, donde hoy día se levanta el Faro de Punta Camarinal. Sin olvidar esas otras ya desaparecidas como es el caso de la de Roche, en cuya ubicación se encuentra el actual faro del mismo nombre.

Puntos privilegiados desde los que se vigilaban los últimos kilómetros del Atlántico en busca del Estrecho de Gibraltar y, por tanto, se alertaba de los posibles ataques de los piratas.

Pero, con ser importantes y tener una gran y reconocido valor histórico, no solo estas torres hablan de esa relación casi eterna entre el litoral de La Janda y la defensa militar.

Aunque más toscos, menos apreciables y apreciados y en peor estado de conservación, son numerosos los búnkers que salpican playas y acantilados. Huellas de una época de nuestra historia ligada a la post Guerra Civil y a la Segunda Guerra Mundial.
Búnkers a los que, lamentablemente, no se les ha dado uso alguno y que, eso sí, han sido y son  víctimas de actos vandálicos.
Construcciones grises y oscuras que se localizan en playas como las de Zahara de los Atunes, Caños de Meca, El Palmar o la propia Fuente del Gallo. Quizás, esta última, una de las más espectaculares y que pasa más desapercibida por su ubicación, casi colgante, en los acantilados.

   
   

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