La Caleta, una playa que se vive de mil formas diferentes

Detalles

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Si hay una playa peculiar en Cádiz, ésta es La Caleta, la playa familiar por excelencia. Una playa que se puede vivir de mil formas diferentes, con sus costumbres y con sus personajes, con su historia y con sus tradiciones. Una playa donde cada día podemos descubrir algo nuevo.

Flanqueada por los castillos de Santa Catalina y de San Sebastián, y con el balneario de La Palma como testigo, la playa de La Caleta es utilizada habitualmente por los residentes del casco antiguo de Cádiz. No obstante, cada vez es más habitual  ver cómo los erasmus se acercan a este rincón, algunos de ellos para vivir experiencias que, tradicionalmente, han estado reservados a los lugareños, como saltar desde el puente Canal. Sin duda, una de las costumbres más populares entre los caleteros.

Aunque es ya habitual que los medios informativos de fuera de la ciudad hablen siempre de los tópicos de esta playa, como el bingo y las familias cargadas de bártulos para pasar el día, La Caleta también tiene otras muchas cosas de interés. De entrada, es una playa rodeada de una larga historia, con dos castillos y un balneario que fue inaugurado en 1926 y que en la década de los 90 fue sometido a una profunda rehabilitación.

El castillo de San Sebastián es uno de los grandes símbolos identificados de Cádiz, tanto por su situación como por su silueta y, sobre todo, por la peculiar forma que le confiere al casco antiguo de Cádiz cuando observamos esta zona desde el aire.

El castillo de Santa Catalina es una fortaleza que data del siglo XVI y hoy en día es un lugar con una activa vida cultural.

Pasar un día en la playa de La Caleta es tener la posibilidad de vivirla de mil formas. En familia o con los amigos, es un lugar donde cada rincón te permite vivir una experiencia diferente. Los pescadores tienen su propio club junto a la playa, en la zona más próxima al castillo de Santa Catalina, donde cada día fondean decenas de pequeñas barcas. Bajo el balneario nos encontramos historias peculiares y que hablan de soledad en la mayoría de los casos, mientras que en todo su entorno se concentran cientos de familias dispuestas a pasar su día de playa. Si no adentramos en el paseo Fernando Quiñones, podremos avanzar hacia el castillo de San Sebastián mientras nos vamos encontrando bañistas en lugares muy poco habituales, como encima de las rocas con sus sillas de playa, o en minúsculos espacios de arena que va dejando la marea cuando baja.

Antes de llegar al puente Canal, los más novatos hacen sus primeros pinitos lanzándose al mar desde este paseo, antes de que éste crezca en altura. Ya en el puente Canal, las tardes de marea llena son un hervidero de jóvenes lanzándose desde lo alto para caer al agua de mil formas diferentes ante la atónita mirada de los turistas que se acercan hasta el castillo. A ambos lados de la puerta de entrada, dos zonas de rocas son ocupadas por decenas de bañistas, que prefieren este rincón antes que estar tranquilamente sobre la arena. Son sus costumbres.

Y cuando la marea baja, los mariscadores (ahora  ya menos) se adentran en las rocas, unos para practicar su afición, otros para pasar el rato y el resto en busca de algún modo de sustento mediante la venta de sus capturas. La enorme extensión de arena que deja la bajamar ofrece un panorama muy diferente al que podremos ver con la marea llena.

Y es que cada La Caleta es una playa que cada día es totalmente diferente al anterior. Es una playa con vida propia y con mucha historia.

   
   

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