Costeando como atunes, de Conil a Zahara

Detalles

Ruta del señor de los atunes 4

Antes de empezar a escribir ya percibo la salitre, la brisa marina, las caricias de las olas en los pies en su ir y venir a morir en la orilla. Y es que son de esas cosas que no olvidas de principio a fin. Cómo cae un determinado libro en tus manos; éste cayó en las mías tras una apasionante sinopsis y recomendación de un amigo, Antonio Fernando, un enamorado del mar y la pesca, y el posterior regalo  por parte de otro amigo, Manolo. “El rey de las almadrabas” de Carlos Algora.

Pese a las muchas cosas interesantes,  sólo haré alusión a algunos aspectos que rodeaban a las peripecias de un pícaro que, venido de la nada entre venturas y desdichas, fue capaz de promocionar  a lo más alto partiendo de la peor de las posiciones. Me retengo en la apasionante travesía que suponía en pleno siglo XVII ir desde Conil al Castillo del Duque de Medina Sidonia en Zahara de los Atunes. Todo ello maridado con un más que magnífico relato descriptivo de cada uno de los lugares por los que pasa hasta llegar a su destino, eso sí, sin detenerme en la diversidad de circunstancias y desventuras por las que atraviesa durante el periplo. Lo que supuso una  aventurada y peligrosa travesía, hoy es una magnífica ruta para recórrela practicando senderismo, mountain bike, incluso en kayak, en barco o como buenamente se quiera o pueda. Una ruta salpicada de un maravilloso patrimonio cultural y natural ligado al mar, al reino de los atunes. Evidentemente, atrás dejo las luchas y conspiraciones de la España del siglo XVII y ese proyecto de hacer al Duque de Medina Sidonia el mandamás del nuevo reino de Andalucía que se cocía en medio de un baile, el final de los Aústrias, en el que los reinos de España se pisaban los pies. Obviando esto, paseemos por el litoral de la luz.

Hernán, un pícaro sevillano que llegó a ser consejero del Duque de Medina Sidonia, algo impensable en la época, nos envuelve de ese bullicio, de ese entusiasmo e ilusión de quienes  jugándoselo todo buscan una mejor suerte en una cita obligada como eran las Almadrabas del Duque, el reino de las oportunidades.  

Iniciamos la ruta que trazara Hernán en los alrededores de la torre de Guzmán en Conil, entonces castillo-residencia del duque y lugar de avistamiento de atunes, hasta donde descendemos desde la Puerta de la Villa, y bajo sus pies, junto a  la antigua cárcel  partimos en dirección a Castilnovo,  pasando antes por la Chanca, el santuario del Atún. Todos ellos referentes históricos y patrimoniales del pueblo conileño  entorno a los cuales, no sólo fue surgiendo la ciudad, sino que fueron el centro del desarrollo de la vida de la población.

Conil costa torre-1

Al paso por la chanca, la imaginación nos traslada a la gran actividad de sus mejores tiempos, donde se preparaba el atún recién capturado hasta tal punto que nada tenía desperdicio. 

Desde la Chanca nos dirigimos a la desembocadura del río Salado, el cual salvamos a través de un puente de madera cuyo crujir, a cada paso, anuncia nuestro avance hacia a la otra orilla, donde al fondo de una maravilla natural la majestuosidad de Castilnovo se expone al sol. Mucho más que una torre, llegó a tener galones de castillo, cuyo muro perimetral acogía a comerciantes y trabajadores de las almadrabas y a su alrededor albergaba gran cantidad de chozos y cañizos donde habitaban los buscavidas de las campañas almadraberas del duque. En torno a Castilnovo, en las noches de Hernán, la fiesta, el cante, el baile, el vino, el juego y las mujeres trasladaban las almas pícaras de la almadraba a esperar al nuevo día. En la arena, frente al mar, donde se desarrollaba el espectáculo de “la lucha”, de la almadraba.

Tras esa obligada pausa en el camino en la que apreciamos esta singular torre  reanudamos el camino por El Palmar para encontrarnos con Torre Nueva, torre vigía que Hernán no nombra, pero que excusamos porque seguro iba impresionado por tanta belleza. 

Las amplias y extensas playas nos lleva, pasando Mangueta y Zahora, hasta el cabo de Trafalgar donde nos da la bienvenida su imponente faro, hermano pequeño e inseparable de la antigua torre de Trafalgar cuyos pies aún resisten ante el mar y los vientos. Tras cruzar la lengua dunar, la cercanía de la Breña nos invita a adentrarnos en ella, eso sí, no sin antes disfrutar de la belleza de las calas que bañan sus pies, de percibir los chorros y el frescor de unas paredes de tierra que de manera caprichosa van dibujando oquedades.  Donde volviera Hernán con María, su amor encontrado, a bañarse desnudos  bajo “las cortinas” de los Caños, ese paraíso natural que corona la Torre de la Meca.

Dejando atrás Los Caños, entre pinos y enebros, penetramos en el corazón de La Breña para, bordeando los acantilados y tras rebasar la Torre del Tajo, otro hito vigía de la historia de esta costa, descender hasta la playa de la Hierbabuena, una de las mejores playas naturales de la provincia, donde nos refrescamos en la fuente manantial. Una vez en Barbate, tierra marinera, cruzamos el río Barbate,  dejando atrás su desembocadura y el antiguo puerto interior y su lonja,  y oteamos antiguas salinas que suministraban la sal para las Almadrabas del Duque.

Ruta del 2

 

En paralelo a la playa y flanqueados por el mar y la sierra de Retín llegamos a Zahara de los Atunes, frente al Castillo de Zahara, una fortaleza multifuncional  con carácter defensivo, residencial e industrial que debía dar cobertura a las almadrabas, por lo que en el interior, además de las dependencias de una chanca y la residencia del Duque, la muralla contaba con torres en los distintos frentes. Una auténtica fortaleza al servicio de las almadrabas, sus gentes y del Duque. 

En Zahara de los Atunes damos por finalizada esta magnífica ruta, la travesía recorrida por un pícaro de las almadrabas por una de las franjas costeras más bella de Andalucía y que atesora una incalculable riqueza natural y cultural. Conil, El Palmar, Caños de Meca, Barbate y Zahara, tierra almadrabera, donde se pesca  y están los restaurantes que mejor cocinan el mejor atún del mundo, el oro de nuestro mar. 

La recomendación es doble, la ruta y el libro.

Manuel Jesús Melero Callado

   Historiador y antropólogo

 

 

 

   
   

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